viernes, 28 de septiembre de 2012

ANA FRANK.


                                                             



Después de un viaje a Amsterdam y tras visitar la casa de Ana Frank decidí leerme el diario que esta niña   escribió durante los dos años que vivió escondida de los alemanes. Impresiona su historia al leerla, su manera de expresar sus sentimientos, su naturalidad, sentido del humor y simpatía. Impresiona y mucho pisar el suelo que ella pisaba , y descubrir que aún siguen en las paredes del cuarto las fotografías que allí ella dejó pegadas.  Situarte en la historia, traer al presente lo que ocurrió en el  pasado.  Esta casa," la casa de atrás" como ella misma la llamaba puede ser visitada ahora convertida en museo. Su padre, el único superviviente de los que allí se escondieron publicó el diario de su hija para que pudiera darse a conocer al mundo.  Cuántas personas hoy en día se sienten atrapadas, privadas de su libertad, faltos de valor para enfrentarse a la vida, hundidos, sin luz, dejando que el último rescoldo de esperanza se enfríe. 
Ana Frank tiene mucho que enseñarnos. Su libro me hace despertar, me empuja a pensar en positivo, me redescubre el valor infinito que cada persona guarda en su interior. Me habla de luchas, de ilusiones, de deseos, de amor, de tristeza, de rebeldia, de ternura. Me habla de ideales,me habla de Dios. 
Una buena lectura, que puede ayudarnos a entrar en nuestro interior  para intentar sacar fuera lo mejor de nosotros mismos.  Lo recomiendo, especialmente para estos días de Otoño que el tiempo invita a quedarse en casa. 
Pilar
   

domingo, 20 de mayo de 2012

"Ajeno"



Largo se le hace el día a quien no ama
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y duro del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a lejanía.
Cierra su puerta y queda bien cerrada;
sale y por un momento, sus rodillas
se le van  hacia el suelo. Pero el alba,
con peligrosa generosidad,
le refresca y le yergue. Está muy  clara
su calle, y la pasea con pie oscuro,
y cojea en seguida porque anda
sólo con su fatiga. Y dice aire:
palabras muertas con su boca viva.
Prisionero por no querer, abraza
su propia soledad. Y está seguro,
más seguro que nadie porque nada
poseerá; y él bien sabe que nunca
vivirá aquí, en la tierra. A quien no
ama,
¿cómo podemos conocer o cómo
perdonar? Dia largo y aún más larga
la noche. Mentirá al sacar la llave
Entrará. Y nunca habitará su casa.

   Claudio Rodríguez. (1934-1999)




domingo, 6 de mayo de 2012

PARA MAMÁ



Le regalo a mi mamá
una sonrisa de plata
que es lo que alumbra mi cara
cuando de noche me tapa.

Le regalo a mi mamá
una caperuza roja
por contarme tantas veces
el cuento que se me antoja.

Le regalo a mi mamá
una colonia fresquita
por no soltarme la mano
cuando me duele la tripa.

Le regalo a mi mamá
una armadura amarilla
que le proteja del monstruo
que espanta en mis pesadillas

Le regalo a mi mamá
el lenguaje de los duendes
por entender lo que digo
cuando nadie más lo entiende

Le regalo a mi mamá
una chistera de mago
en la que quepan mis besos
envueltos para regalo.


              Poesía recitada por Cristina para mamá.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Volar.



En la rama frondosa del olmo, despertando a la primavera, asoma su cabecita  desprovista casi de plumas un pequeño pajarillo. Volar por fin, es su sueño,  batir sus alas y alejarse,  dejando atrás un nido...vacío.  Volar y dar comienzo a una aventura, mientras una mirada atenta, en la distancia, sigue el vuelo.
No necesitan calor ya los polluelos, ni el alimento que la madre les consigue, volar, sentirse libre,  abrir caminos… ¡qué fácil!

¿Sabré yo hacerlo bien con mis “hijuelos”?

                                                                                             Pilar.


sábado, 28 de abril de 2012

Virus caprichoso.


Un virus caprichoso es responsable de nuestras vacaciones forzadas en el hospital. Afortunadamente la evolución es buena y si  Dios quiere volveremos prontito a casa. Los hospitales parecen llevar su  propio ritmo, se eternizan las horas en él. Salimos al pasillo deseosas de intercambiar alguna que otra palabrita con el enfermo de la habitación de al lado, pero son todos demasiado formales en esta planta, nadie pasea sus males por  los pasillos, salvo Beita, que se ha ganado el cariño de todo el personal.
 A través del cristal vemos la calle, mojada y tristona por el gris del cielo.  Hay movimiento de gente, coches que pasan, ambulancias que llegan… pero nosotras vivimos en una burbuja aislada de ruidos y prisas. Por la noche algún que otro llanto de niño nos hace recordar que no estamos en habitación de hotel aunque al día siguiente nos despierten sirviéndonos  el desayuno en  la cama. Claro está que ésta es la apreciación del acompañante sano, sin fiebre, ni dolores, ¡habría que preguntarle a Bea si pensó lo mismo cuando se vió rodeada esta mañana de batas blancas.  
Uno toma conciencia de lo que es tener salud o de lo que supone el no tenerla y aquello que hace dos días era tan importante y urgente, hoy ya no lo es tanto. Se ralentizan secuencias de nuestra vida mientras el resto sigue su curso, ajeno a todo.
Aprovecho esta "aparente inactividad" para observar y pensar en cuanto observo y mientras mi enfermita duerme, yo escribo, ocupando el tiempo, mirando el reloj, deseando volver pronto a casa y seguir, seguir de nuevo.
Por suerte, fue un parón sin importancia.

                                                                                              Pilar.




miércoles, 7 de marzo de 2012

DE DENTRO.



Un grito que te haga despertar, que te saque de este sueño profundo en el que parece que has caído.

 Una voz  fuerte que retumbe en tus oídos como un eco  insiste en ser escuchado.

Una mirada limpia y tierna que  te hable de cariño, comprensión y entendimiento.

Un abrazo mudo, al que le sobran las palabras.

Una sonrisa que sin decir lo dice todo.

Un corazón que ama, a pesar de no ser correspondido.

(me salió de dentro)
                                                                                             Pilar.




jueves, 23 de febrero de 2012

VOLVER


Nos metemos, a veces, en la rueda de las ocupaciones, de las tareas cotidianas, de lo ordinario, y vamos relegando a un segundo puesto aquello que no es prioritario, aunque querríamos, sin embargo, que sí lo fuera.

A menudo, pasamos por la vida de puntillas, sin que apenas se note nuestra presencia, pero no es humildad lo que esconde esa actitud, sino más bien, falta de entrega, de compromiso, de coherencia, de confianza, de esperanza tal vez.

Descansar, romper con el día a día es suficiente para caer en la cuenta y desear volver.

Aquí estoy, ya he vuelto.
                                        Pilar.